A pesar de que el Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) es un trastorno generalmente detectado y diagnosticado en niños y adolescentes, los psicólogos también solemos encontrarlo subdiagnosticado en la atención de adultos.

En los niños se caracteriza por una importante inatención, que impide que puedan centrarse en cualquier actividad que no le genere un importante estímulo. Esto se acompaña algunas veces de gran hiperactividad, conductas impulsivas, baja tolerancia a la frustración, baja autoestima, problemas de conducta, etc. Como consecuencia de esto, presentan fracaso escolar y dificultades de socialización. Es importante saber que el TDAH sin un tratamiento correcto e integral aumenta de forma importante el riesgo de abuso de sustancias y trastorno de personalidad. Solo como comentario tangencial, quiero decir que un niño inquieto no es un TDAH, sino que debe hacerse un diagnostico serio sobre el tema.

En los adultos, los síntomas cambian de forma sustancial respecto a lo que vemos en niños, siendo lo más destacable, la distraibilidad, las dificultades de planificación y organización, con olvidos frecuentes y dificultad para terminar tareas, problemas con el autocontrol y la regulación del comportamiento, pobre memoria funcional. (La memoria temporal que utilizamos para realizar ciertas tareas y resolver determinados problemas en el momento), escasa  persistencia en los esfuerzos hacia las tareas, dificultades con la regulación de las emociones, la motivación y la excitación (cambio brusco de carácter), inconsistencia  mayor que lo normal en la ejecución de las tareas o del trabajo, tardanza crónica y pobre percepción del tiempo, se aburren fácilmente. 

La hiperactividad que los psicólogos vemos en los niños, va desapareciendo en la adolescencia cambiando por una “sensación de inquietud interior”. Se acompaña de importante interferencia en la actividad laboral, en las relaciones con los demás y en la planificación de su propia vida. En los adultos, hay que valorar bien la existencia de otras patologías como depresión, ansiedad, consumo de sustancias, etc. que obligan a los psicólogos especializados a un tratamiento integral.

TDAH

El diagnóstico del TDAH es clínico, con una entrevista con el paciente y, si es posible, con algún familiar que conozca a esa persona desde la infancia. Pero, además, los psicólogos tenemos instrumentos, como entrevistas semiestructuradas, para revisar cada uno de los 18 síntomas del TDAH en la infancia y en la edad adulta, que ponen ejemplos para que el paciente se pueda ver identificado y que evalúan el impacto en diferentes áreas de la vida del paciente.

También tenemos entrevistas que permiten evaluar el trastorno en adultos que consultan por problemas de adicciones y que permiten un diagnóstico diferencial de si esos síntomas son por las drogas o por el propio TDAH.

Los psicólogos que tratamos a TDA(H) en adultos, sabemos que lo peor de este trastorno son las consecuencias indeseables de haber ignorado lo que padecían, y que han ocasionado lesiones severas en la autoestima, en las relaciones personales y en la autoconfianza para lograr objetivos.