El Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) se caracteriza por dos tipos de fenómenos: las obsesiones y las compulsiones. Los psicólogos abordamos a las obsesiones como pensamientos recurrentes e intrusivos, que el paciente reconoce como absurdos, o al menos exagerados, pero que no puede dejar de pensarlos.Se imponen: y si soy psicópata? y si tengo sida? y si me contamino con gérmenes y muero? y si le hago daño a un ser querido?

Esto genera importante ansiedad por la imposibilidad de sustraerse a estas ideas, pero también genera otras emociones negativas: tristeza, culpabilidad, deseperacion, etc. 

En ocasiones, estos pensamientos hacen que la persona realice diferentes actos para compensar la ansiedad que provocan las obsesiones. A estos actos los psicólogos los llamamos compulsiones: alivian la ansiedad solo durante unos minutos y pueden condicionar muy seriamente la vida del paciente. Las obsesiones más frecuentes son de limpieza, contaminación, orden o agresividad. Es un comedero de cabeza, le damos vueltas y vueltas hasta encontrar una respuesta que nos tranquilice. Respuesta que nunca llega.

Cualquier persona sana puede tener pensamientos negativos, pero no les da importancia. El TOC los lleva al rango de dogma y les asigna estatus de realidad y de verdad. 

Ya en 1909, Freud escribe “El hombre de la Ratas”, un análisis clínico de un caso de neurosis obsesiva. Desde entonces, hemos mejorado notablemente las estrategias terapéuticas que resuelven este trastorno.

El tratamiento suele comenzar con terapia psicológica y luego se analiza la posibilidad de un tratamiento mixto (farmacológico). En mi consulta, contamos con profesionales de la psiquiatría que facilitan esta posibilidad al paciente.

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