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Trastorno de Déficit de Atención en Adultos

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¿Puede ser que yo tenga TDA(H)? 

 
El TDA(H) es el Trastorno de Déficit de Atención que puede darse con y sin Hiperactividad. Con una importante carga genética, se inicia en la infancia, y quienes lo padecen refieren haber sufrido fracaso escolar a pesar de ser inteligentes; malos conductualmente pero buenos emocionalmente; desorganizados, impuntuales e incapaces de planificar.
 
Debido a esto suelen tener problemas sociales, laborales, familiares, de pareja y adicciones. Pero aún mayores son los problemas que arrastran por no haber sido diagnosticados en su momento: inseguridad, deterioro de la propia imagen, baja autoestima, sentimiento de fracaso, o desconfianza en sus propias posibilidades. Arrastran culpabilidad y frustración.
 

Existe el TDA(H) en adultos.

 
¿Cuáles son sus principales síntomas?
 
Dificultad para mantener la atención sostenida: Dificultad para concentrarse en tareas por periodos largos; dejan una actividad sin terminar y comienzan otra; tienen dificultad para ver películas, asistir a conferencias, seguir conversaciones o entender instrucciones largas.
 
Errores por inatención: errores por descuido, por ir de prisa; olvidarse un trabajo que deben presentar ese día, etc. Pérdida de objetos: los adultos con TDA(H) suelen ser despistados y pierden con frecuencia las llaves, las gafas, la cartera, el móvil, etc.
 
Tendencia a dejar tareas para más adelante: se aburren con muchísima facilidad; la dificultad para seguir instrucciones y acabar tareas, les hace dejarlo todo para último momento.
 
No escuchan atentamente cuando les hablan: estar en las nubes o ir a su bola cuando se les habla; les cuesta mantener la atención en la conversación y evitar que sus pensamientos se vayan a otro lado.
 
Dificultades de organización y planificación: son etiquetados como desordenados y caóticos; tienen una gran dificultad para organizar y planificar todas las áreas de su vida; su medida del tiempo es diferente, por eso suelen llegar tarde a sus citas; se les juntan tantas cosas por hacer, que muchas no llegan a terminarlas por “falta de tiempo”; les cuesta mantener el orden en casa y en el trabajo.
 
Se distraen con facilidad: tienden a distraerse con cualquier estimulo; con frecuencia dejan lo que están haciendo y centran su atención en otra cosa.
 
Despistarse con frecuencia: los adultos con TDA(H) olvidan constantemente las cosas; ir dos veces al mismo lugar.
 
Dificultad para memorizar: leen párrafos enteros sin enterarse de su contenido; para estudiar, suelen inventarse reglas nemotécnicas que le permitan recordar cosas.
 
Impulsividad general. Algunos pueden presentar estas características:
  
  • Dificultad para medir las cosas antes de actuar
  • Es esta característica la que hace desembocar al TDA(H)  en el consumo de sustancias.
  • Cambios frecuentes de trabajo, cambios frecuentes de pareja, accidentes de tráfico.
  • Suelen buscar estímulos intensos
  • Dificultad para esperar turnos
  • Necesidad de las cosas “ya” y “ahora”. Cualquier compra o proyecto es vivido como una urgencia inaplazable
 
Impulsividad verbal. Algunos pueden presentar estas características:
 
 
  • Les cuesta dejar hablar a los demás y responden antes de oír el final de la pregunta. Viven pidiendo perdón por esto.
  • Suelen decir lo primero que se les ocurre sin reflexionar.
  • Suelen calificarlos de maleducados, impertinentes, egocéntricos, etc.
  • Sensación de inquietud interior.
 

¿Hay otras manifestaciones del TDA(H)?

 
 
  • Tienen un rendimiento académico menor, con peores notas.
  • Como suelen ser muy inteligentes, sacan adelante carreras universitarias, pero tardan más tiempo que la media.
  • En las relaciones sociales suelen tener menos amigos, éstos les duran menos tiempo.
  • Muestran menor autoestima y peor ajuste social.
  • En el plano laboral, suelen tener trabajos peor remunerados y por debajo de su potencial.
  • Sufren despidos, han cambiado mucho de trabajo y son peor valorados por sus jefes y compañeros.
TDAH adultos
TDAH adultos
 
 

Síntomas comórbidos.

 
 
  • Los fracasos constantes a lo largo de la vida, acaban destruyendo la autoestima del paciente y a menudo lo abocan a tener pensamientos tales como:”soy un desastre”, “todo me sale mal”.
  • Estas dificultades de organización, planificación, etc., acabaran por traducirse en síntomas, en sentimientos de culpa, rabia, ansiedad o depresión. Un TDAH aumenta dos veces el riesgo de padecer un trastorno depresivo.
  • Los pacientes con TDAH tipo hiperactivo-impulsivo tienen una naturaleza más experimental y temeraria. Los TDAH tipo inatención parecen presentar una mayor propensión a consumir drogas para estimularse.
  • Entre las drogas mas consumidas por los TDAH figuran el cannabis muy por delante de la anfetamina, la cocaína y los alucinógenos. Esto puede explicarse desde lo fisiológico por el hecho de que estas sustancias estimulan la liberación de neurotransmisores, especialmente la dopamina, que disminuye los síntomas del trastorno: aumenta su capacidad de atención y concentración, mejora el estado de ánimo, etc. 
  • Otros problemas de adicciones que se asocian al TDAH es la ludopatía, adicción a internet, y adicción a ansiolíticos. 
 

Factores de buen pronóstico en la evolución del TDAH

 
  • Trastorno poco severo
  • Nivel intelectual medio-alto
  • Familia presente y contenedora
  • Pareja adecuada
  • Perseverancia en la terapia y en el entrenamiento
  • Buen entendimiento con la pareja y con los familiares
  • No consumir sustancias adictivas 
  • Pocos trastornos comorbidos
  • Buena situación laboral
  • Autocontrol de la impulsividad

 

Factores de pronóstico desfavorable en la evolución del TDAH

 
  • Afectación severa
  • Nivel intelectual bajo
  • Comienzo precoz de los síntomas
  • Pareja inadecuada
  • Problemas de pareja o familiares
  • Abandono de la terapia y del entrenamiento.
  • Consumo de sustancias adictivas
  • Muchos trastornos asociados
  • Mala situación laboral
  • Mal control de la impulsividad
 

El testimonio de una paciente

 
Soy la segunda de tres hermanos, y tanto la mayor como el menor fueron alumnos destacados en la escuela, el instituto e incluso la universidad. Y allí estaba yo, en medio de dos “cerebrines”, a los que mis padres llenaban de ilusiones y esperanzas.
 
Anhelaban darles la educación que ellos no habían podido tener. Se les llenaba la cara de emoción cuando explicaban que el pequeño había aprendido a leer solo en casa (de tanto escucharme a mi, también aprendió él) y que con cinco años se sabia dónde estaban prácticamente todos los países del mundo y sus respectivas capitales.
 
En cambio yo tenía una pésima lectura a pesar de ser mayor que él. Mi hermana fue la primera de la familia que se licenció, y con matrícula de honor; mientras tanto yo luchaba por sacarme el graduado escolar, y el bachillerato haciendo esfuerzos que, esperaba, nadie notara.
 
Cuando mis padres hablaban de sus hijos, explicaban los logros de los listísimos y para concluir solían decir: “menos mal que la mediana es la más simpática y la más guapa… para estudiar no sirve, muy lista no es…Pero no todos pueden servir para estudiar. Se casará bien”.
 
Así crecí yo, con una percepción de mi misma, más bien mala y con el único consuelo de ser la más guapa…por lo menos veían algo positivo en mí.
 
Después de conocer a mi pareja, que me ayudó a librarme de muchas de esas etiquetas, empecé a quererme tal como soy, empecé a creer en mí.
 
A contracorriente y con la incredulidad de casi todos, llegué a las puertas de la facultad de derecho, con la que tantas veces había soñado. No pudo ser. Me invadió un sentimiento de inferioridad por no saber demostrar con resultados, todo mi esfuerzo y mi lucha. Impotencia y frustración formaron parte del peso de la mochila que durante treinta años estuve cargando a mis espaldas.
 
Algunos años después, comencé a ver en mi hija que tenía algunos problemas.  No sé cómo, pero terminamos en un una consulta en donde le diagnosticaron el TDAH. Mientras escuchaba a su terapeuta dándome los síntomas típicos de ese trastorno de atención, se me hizo la luz. Eso era lo que había sentido yo toda mi vida! A ambas nos llegó el diagnostico a la vez.
 
Mi terapia me está ayudando a descubrir muchas cosas y a sanar muchas heridas viejas. Tener el TDAH no es fácil, pero tenerlo y no saberlo es infinitamente peor. Siempre me sentí inteligente pero de una forma particular: para algunas cosas soy brillante, para otras pésimas y para otras “justita”. Cuando descubrí lo que tenía, fue el inicio de una nueva vida. Era tranquilizador saber que aquella “inteligencia particular” tenía nombre. 
 
Aparqué muchos miedos y complejos. Sin pensármelo mucho, decidí retornar mis estudios, trabajo, tengo dos hijos… no es fácil pero hay algo entero en mí que ya no me tira para abajo. Disfruto lo que hago y sigo con mi terapia. Me siento invencible.
 
Nunca dejes que nadie ponga límites a tus sueños. Solo tú, con tu trabajo y tus ganas, serás el que ponga, o no, algún tope en ellos.
 
Ernesto Iglesias Carranza
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Un comentario

  1. Sara
    |

    Los tdha , viven en la negación también, x lo q es muy complicado llegar acuerdos… Ven sus actos o la realidad de una manera algo diferente y no empatizar con la pareja o familiares q viven con ellos.
    A q es debido esto?

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