» » » Ha muerto un Freud

Ha muerto un Freud

Publicado en: Sin categoría | 0
El 25 de junio de 1938, Lucian Freud visitó a su abuelo en Londres. Lo encontró rodeado de sus queridas antigüedades griegas y egipcias, corrigiendo “Moisés y el monoteísmo”. El 23 de septiembre del año siguiente, Sigmund Freud murió. Lucian tenía 17 años. Por una operación debida al cáncer que padecía, su abuelo tenía una especie de agujero en la mejilla, como una manzana magullada «supongo que por eso no le hicieron ninguna máscara de muerte, quedé perturbado”, contó Lucian.
La perturbación que le provocó el encuentro con lo real del rostro destruido por la enfermedad y la imposibilidad de reconstruirlo en una máscara para reparar la destrucción de la carne, probablemente despertaron el deseo de profundizar en lo que hay de desconocido del cuerpo, de la sexualidad y de la muerte.
Lucian Freud tuvo un marcado interés por las máscaras egipcias. Para Lucian Freud las máscaras permiten ver aquello que no se percibe directamente, son una intensificación de la realidad y una forma estética de no acceder a sus mistificaciones.
La exploración artística de las máscaras le hizo pensar que la pintura del cuerpo transmite más los misterios del cuerpo que el mismo cuerpo desnudo “Parte del gusto de trabajar con modelos desnudos es que yo puedo ver más”.
Mieke Teirlinck

En octubre de 1988 Lucian Freud asiste al histórico festival Edge 88 en Clerkenwell.

El personaje que atrae la atención de Freud es Leigh Bowery, un australiano que medía un metro noventa y pesaba más de cien kilos; realizaba escandalosas transformaciones corporales de “diva freak”, vistiendo en forma extravagante. Travestido se ganó el título de «Rey de la Noche Londinense». No era exactamente un modelo profesional, para Freud «era pura pose».
Tenía algo atractivo, raro, bizarro, no definido, que sedujo al pintor. Bowery se exhibía en un escaparte, recostado en una chaise longe, cambiando cada día sus ropas y maquillajes, todos insólitos. Los espejos donde se reflejaba estaban usados de tal manera que sólo se veía a sí mismo mientras el público lo observaba. Lucian Freud, después de ver la actuación de este artista como transformista, reposando en esa autoobservación narcisista, fascinado le pidió que posara para él. Así lo hizo durante cinco años.
Lucian Freud debe haber encontrado en este cuadro vivo el espectáculo de la carne y el grotesco, junto con las visiones especulares del reflejo. Bowery declaró en el Australian Herald: “Al igual que yo, Freud se interesa por el punto débil, sórdido, el lado oculto de las cosas”.

El encuentro con este extraño personaje, de alguna manera, llevó a Freud a introducir importantes cambios en su pintura. El modelo despertó nuevas fantasías artísticas. Encontró en este modelo el atractivo de aquellos opulentos dioses arcaicos que nos hacen imaginar la función sobre la sexualidad y el deseo que ha tenido la estética de la carnalidad en la historia de la cultura. No es difícil ver en las búsquedas de Lucian Freud la mirada diferente sobre el objeto de la sexualidad que llevó a Sigmund Freud a desarrollar la conquista del inconsciente.

Sue Tilley será sucesora de Bowery y modelo principal de Lucian Freud en los años ’90. Amiga íntima, confidente y biógrafa de Leigh Bowery, adquirió fama como objeto de culto al transformarse, desde 1994, en Big Sue, la opulenta modelo del pintor.

Lucian ha muerto en el mes de julio de este año 2011 que se va. Este nieto del fundador del psicoanálisis ha sido uno de los mejores pintores  británicos del siglo XX y uno de los más originales artistas figurativos. Algunos de sus cuadros, además de en Reino Unido, están expuestos en Madrid en el Museo Thyssen-Bornemisza y también en Buenos Aires en el Museo MALBA.

Fuente: Por María Cristina Melgar, Raquel Rascovsky de Salvarezza, Eugenio López de Gomara, Estela Allam, Patricia O’Donnell, Ricardo H. Ortega y Silvia Waisgluz de Falke *